Origen de las bicicletas fixie

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Updated: agosto 7, 2014

La historia de esta clase de bicis se remonta al siglo XIX, donde un ciudadano de Sussex (Reino Unido) ideó un sistema que ampliase la seguridad de las bicicletas de la época, que tenían el pequeño hándicap de lanzar hacia delante al viajero una vez frenase bruscamente. A través de un mecanismo por el cual la cadena y el pedal eran una misma pieza indivisible, consiguió su propósito y patentar su primer prototipo en 1873. 

Harry Lawson, el autor, llamó a su creación «bicicleta de seguridad». Involuntariamente estaba dando origen a las fixie, una variante de las clásicas, con la peculiaridad de aglutinar el esfuerzo para avanzar incluso más deprisa y de un modo que desprenda mayor seguridad.

El problema de aquellos vehículos es que para hacerlos avanzar más rápido, se pensó en ampliar notoriamente el tamaño de las ruedas. La matemática y la lógica no deberían fallar: a mayor tamaño, más distancia se recorre en cada pedalada. Sin embargo, al aumentar el tamaño lo hizo también la peligrosidad, más aún cuando se realizó la modificación únicamente en la rueda delantera.

Aquello supuso una revolución que hizo perder el miedo a la población de adquirir alguna de esas máquinas para desplazarse de un lugar a otro. Ya a finales de siglo la venta de este tipo de bicicleta se disparó. Aunque la esencia principal de este sistema ha perdurado, han variado mucho los materiales, con la consecuente ganancia de ligereza, confort y aerodinámica, permitiendo avanzar mucho más deprisa con un menor esfuerzo aplicado a los pedales.

Otros tipos de velocípedo evolucionaron a lo que hoy conocemos como la bicicleta de paseo, orientada al desplazamiento por ocio. El punto de unión con las fixie es la uniformidad del desarrollo a emplear, sin variaciones de ningún tipo tanto en plato como en piñón.

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