Fixie, un mercado infinito

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Updated: enero 20, 2016
adaptar bicicleta fixie

El siglo de la comunicación ha llevado internet a todos los hogares, los contactos más allá de la tierra, el aire y el mar, algo que parecía en su momento inviable y novelesco. El compartir experiencias y conocimiento se ha convertido en el ABC de la sociedad moderna. Así, a través de las redes sociales y lo viral, se llega a manuales de cómo construir de forma casera prácticamente todo. Nada parece ajeno a nadie, todo al alcance de todo y de todos. 

Por todo ello, las fixie han surgido como una forma de reutilización de otras bicicletas a través de la construcción de la propia prácticamente, además, a la carta. Ello también ha enriquecido un mercado que ofrecía al consumidor la posibilidad de adquirirla ya montada, de fábrica. Los precios han competido una barbaridad, las tiendas y la publicidad están buscando cualquier fórmula que les haga adelantar un puesto, una posición en el ránking de opciones favoritas.

Internet, el envío más rápido, ya que todas las velocidades han aumentado, menos en las fixie, donde la marcha única sigue como gran característica. Todo es una carrera para conseguir acercar a gente a este mundo, que va más allá de un mero consumidor. La fixie es una forma de vida, una creencia, un canto a la vida independiente de la gasolina y sus repercusiones vitales. Todo ello se ha convertido a su vez en un mercado de populismo y de ideas convenientes, una adhesión a un movimiento cool y “que mola”, como espetan los escépticos a la mínima que tienen oportunidad.

Se trata, pues, de un movimiento atractivo, que incluso va más allá de lo puramente comercial o deportivo, lo más importante no es nada de eso, aunque en ambas facetas hay personas obteniendo rédito, claro. Es la cultura, lo humano, lo que va por delante, lo que circunscribe todo lo que tiene que ver con las bicicletas fixie.

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